Te propongo que pienses en un caballo y cómo está de preparado, ya al nacer, para ponerse de pie y empezar a andar. Ahora compáralo con un bebé cuando nace. ¡Vaya diferencia! Al bebé le hizo falta alrededor de un año para desarrollar estas habilidades. Un caballo al nacer tiene más autonomía funcional que un bebé.

Esto significa que el ser humano necesita desarrollarse, adquirir una serie de habilidades, capacidades y competencias para poder ser autónomo y capaz. Hay que estimularlo, invitarlo y facilitarle que se mueva mucho para que pueda progresar en su motricidad, coordinación, control y dominio de su cuerpo.

Además, junto a estas habilidades, también se empiezan a desarrollar las habilidades sensoriales: oído, vista, tacto… así como las cognitivas. De este modo va madurando su cerebro, y a la vez sus funciones. En todo este proceso aparece también el habla, el lenguaje.

Cada año el niño va a ir mejorando y activando diferentes estructuras cerebrales y las funciones de las mismas, lo que le va a llevar al desarrollo de la motricidad gruesa y poco a poco, de la motricidad fina.

GRACIAS AL MOVIMIENTO EL CEREBRO SE VA DESARROLLANDO.

El adulto es el resultado de una evolución desde que nace.

En la infancia se adquieren las bases del neurodesarrollo, pasando por distintas fases. Si no se integra bien cada fase, vamos a pasar a la siguiente con unas carencias que se van a mostrar en la infancia, adolescencia y adultez. Y lo más probable es que se tengan problemas en los estudios, trabajo, relaciones…

La etapa de los 0 a los 5 años es muy importante para el desarrollo, es la etapa pre-lateral.

Y alrededor de los 5 años el niño tiene que tener la lateralidad bien definida, lo que significa que ya está preparado para iniciar la lectoescritura, o sea, para entrar y gestionar el mundo de los códigos alfanuméricos.

LOS 5 AÑOS MARCAN EL PASO DE LA ETAPA PRE-LATERAL A LA LATERALIDAD.

De la etapa pre-lateral destacamos 3 fases, las cuales también se podrían dividir en subfases. Aquí os comento las 3 generales:

1. Fase homolateral.

El niño mueve su cuerpo alternando la parte derecha con la parte izquierda. Los hemisferios trabajan por separado, alternándose.

2. Fase bilateral.

El niño utiliza a la vez las dos partes del cuerpo, los dos hemisferios. Por ejemplo, al coger una pelota con las dos manos.

3. Fase contralateral.

El niño es capaz de hacer movimientos cruzados combinando parte superior y parte inferior del cuerpo. Es cuando se inicia el gateo

De ahí la importancia de que el bebé esté en el suelo, moviéndose libremente. Es muy interesante que tenga un espacio para desplazarse a su antojo.

Le podemos poner algunos objetos en este espacio, que van a ser estímulos para él, para que vaya a alcanzarlos, a explorarlos, a jugar con ellos, agarrarlos, pasar por encima de ellos, empujarlos… Pueden ser juguetes, cojines, pelotas… o bien nosotros mismos. Todo esto lo invita a ir explorando su entorno, a desarrollar las habilidades visuales, a poner su cuerpo en retos continuos…

Cada logro va a ser gratificante para él y lo va a motivar a seguir los pasos de su curiosidad y ganas de descubrir y aprender. Este estado motivacional, junto con la gratificación que se produce cada vez que aprendemos algo nuevo, debería ser el estado natural en el entorno escolar, cuando se empieza la etapa académica.

Ahora bien, cuando hay dificultades de aprendizaje, no hay gozo en el aprender. La escuela se convierte en un entorno de dificultad, esfuerzo, frustración, desvalorización, donde el Ser del niño no se puede desarrollar ni expandir.

En las dificultades de aprendizaje una de las cosas que debemos valorar es si el niño ha integrado adecuadamente todas las etapas del neurodesarrollo. Tenga la edad que tenga habrá que volver a atrás. Determinar en qué etapa se quedó estancado, va a ser esencial para que, des de ahí, se pueda empezar un programa de ejercicios para actualizarlo.

Si se es constante en el entrenamiento diario, en poco tiempo se observan las mejorías. El niño empieza a estar más integrado en las dinámicas en el aula. Empieza a mejorar sus resultados, ya que ahora es capaz de comprender y seguir las clases. Lo que le da presencia y enraizamiento.

Y lo más importante es que su autoestima también empieza a mejorar. Se siente mejor consigo mismo, está más contento, por lo que las relaciones con amigos y adultos también ganan en calidad. Y el aprender se vuelve natural, fuente de satisfacción y expansión de los dones individuales de cada Ser.

¿Te ha gustado el contenido de este post? Espero te haya sido de utilidad. Si lo deseas, te invito a contarme en los comentarios tu experiencia con los aprendizajes, los de tus hijos, o de tus alumnos.